Burócratas para Alfonso; encuestas para Ana Lilia
Burócratas para Alfonso; encuestas para Ana Lilia
Burócratas para Alfonso; encuestas para Ana Lilia
Los números colocan a Ana Lilia Rivera Rivera arriba de Alfonso Sánchez García en la carrera por la Coordinación Estatal de Morena en Tlaxcala. Y por mucho.
Las encuestas son claras: Rivera Rivera aparece con 31% contra 21% de Alfonso Sánchez García; Emotegia le da 45.16% y Rubrum 45.7%, frente al 38.3% de su competidor.
Entonces viene la pregunta: ¿qué hacer cuando las encuestas no favorecen?
Operar.
En Tlaxcala se señala una estrategia digital en redes sociales para posicionar a Alfonso Sánchez, pero también algo todavía más delicado: el uso de servidores públicos para repartir propaganda electoral y promover su imagen, lo que podría constituir un delito electoral, pues lo hacen en horario laboral y bajo presión para evitar perder su empleo en el gobierno estatal.
Si esto ocurre desde las estructuras del gobierno, no solamente es cuestionable; viola el principio de piso parejo que Morena estableció para su proceso interno.
Los servidores públicos no están para hacer campaña.
No están para repartir periódicos de un aspirante.
No están para operar redes sociales ni para movilizarse en favor de una candidatura.
Están para trabajar para los ciudadanos.
Y aquí es donde Lorena Cuéllar tendría que dar una explicación. Porque si todo el aparato gubernamental está operando para Alfonso Sánchez, entonces ya no estamos hablando de una competencia interna pareja.
Estamos hablando de usar el poder para intentar fabricar una candidatura.
Y eso resulta todavía más evidente cuando los números no acompañan.
Alfonso Sánchez es su competidor más cercano, sí. Pero si necesita al gobierno, a los servidores públicos, a las redes y hasta al reparto de propaganda para crecer, la pregunta es sencilla:
¿Dónde está el respaldo real?
Morena debe cuidar sus propias reglas. Porque el piso parejo no puede ser un discurso mientras desde el gobierno se inclina la cancha.
Los números no se pueden repartir como propaganda.
Y la popularidad tampoco se fabrica desde una oficina de gobierno.
Burócratas para Alfonso; encuestas para Ana Lilia
